En general, la prudencia indica que si hemos de explorar nuevos modelos para enfrentar el pro-blema que representa la política de drogas actual, debemos hacerlo escalonada y gradualmente. Es preciso empezar por alguna parte y, entre las drogas, la cannabis parece buen lugar por el cual comenzar. En primer lugar, porque la cannabis es –comparativamente, de las drogas prohibi-das en nuestro país- la menos adictiva y la que menos problemas de salud -mortandad y morbili-dad- genera, según los datos de la Secretaría de Salud (SINAIS). En segundo lugar, porque el universo de consumidores es el más grande, por lo que sustraer del mercado negro a ese grupo de ciudadanos –hoy vulnerable a la violencia y la extorsión- es, en si mismo, un hecho benéfico. En tercer lugar, porque comenzar a construir una política alternativa para el mercado más amplio, permitirá liberar los recursos represivos del estado para focalizarlos en mercados de drogas más riesgosas y dañinas.

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