Francho Barón, El País, 2011.

Ante el horizonte de la Copa del Mundo de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016, el mapa de la violencia de Río de Janeiro está mutando de manera vertiginosa. Los crímenes más comunes, como el homicidio o el robo, han caído en picado en el conjunto de los barrios que conforman la exuberante orografía carioca. También el dramático fenómeno de las balas perdidas parece haber dado un respiro a la ciudad brasileña más castigada por la violencia. Todo ello coincide con la puesta en marcha hace más de dos años de una estrategia de acoso y derribo contra las redes del narcotráfico que controlaban varias favelas de la capital turística.

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