Por Elena Azaola, en Este País, núm. 292, Agosto de 2015, p.p 12-14.

Si uno visita la página de la CNDH, si uno lee los Informes Especiales y las Recomendaciones, si uno ve la cantidad de actividades de promoción o la cantidad de gestiones y solicitudes de información que la Comisión dirige a las autoridades, uno no podría tener dudas de que la CNDH cumple cotidianamente con su misión. Si uno visita, en cambio, las prisiones o los albergues para niños, ancianos o migrantes e incluso las salas de espera de cualquier hospital público, o bien, si uno escucha a los familiares de las personas que han desaparecido o los testimonios de quienes han sido torturados, uno no puede dejar de preguntarse por la eficacia y los resultados que arroja de uno de los sistemas de defensa de derechos humanos más completo y costoso del mundo.

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