Al momento de publicarse el Atlas de la seguridad y violencia en las Zonas Metropolitanas de Puebla y Tehuacán, el estado de Puebla se ubica en la posición 17 de las 32 con mayor tasa en ese sentido. A pesar de que el panorama no sugiere un estado de urgencia como el que se vive en otras entidades el país, es innegable que las condiciones, posibilidades y contextos de la violencia en el estado está presente y merece investigarse. En ese sentido, es oportuno preguntar, entre otras cosas, ¿dónde ocurre la violencia de en el estado?, ¿por qué ahí?, ¿desde cuándo? y, fundamentalmente, ¿cómo explicarla para proponer soluciones?

Toda violencia tiene una lógica tras de sí, que la busca justificar en términos prácticos y legitimar en términos simbólicos y jurídicos. La experiencia poblana, con todo y sus particularidades no es la excepción. Quien observa el fenómeno de la violencia puede entenderla y racionalizarla a partir de conocer sus fines, desglosar sus intereses, analizar su lógica y la forma en que sus consecuencias se expresan y reinciden nuevamente en la significación del uso de la violencia. Después de todo, cada caso requiere estudiarse en su dimensión empírica y aquí se hace el ejercicio para el estado de Puebla y, concretamente, en los municipios de las ZM de Puebla y Tehuacán.

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