Hablar del problema de la violencia nos introduce en un universo complejo que involucra a la sociedad en su conjunto y al territorio en sus múltiples escalas de representación. Sociedad y territorio conforman un binomio indivisible que resulta a la vez, causa y efecto de la violencia. En tal sentido la violencia, como práctica social, genera un tipo particular de organización espacial; y en sentido inverso, la conflictividad espacial es un factor de peso para el surgimiento de tipos específicos de violencia en el territorio.

Desde una perspectiva espacial, el trabajo de Marina Inés de la Torre aborda el estudio de la relación entre ocurrencia delictiva y densidad de población. Esta última es considerada en sus dos vertientes principales: densidad de población residencial y densidad de población flotante. A través de un estudio comparado de casos, la evidencia empírica le per- mite concluir que, con excepción de las áreas centrales, no existe una relación tipificable entre ambas dimensiones y, en tal sentido, no es posible aproximar densidades de población recomendables para el diseño de localidades urbanas seguras. El potencial interpretativo del conjunto de ma- pas temáticos aportados, permite identificar correspondencias y discrepancias entre los patrones geográficos de comportamiento de las dimensiones consideradas.

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By Gema Santamaría, NOREF

Since 2007 Mexico has experienced a steady increase in lethal and non-lethal forms of violence, including kidnappings, extortion, extra-judicial killings and forced disappearances. This spiral of violence has been driven by the consolidation and expansion of non-conventional armed actors operating in an institutional and political climate characterised by pervasive levels of corruption, impunity and criminal collusion. Public indignation over this state of affairs reached a high after the disappearance of 43 trainee teachers in the town of Iguala in September 2014.

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México Evalúa. Centro de Análisis de Políticas Públicas, agosto 2011

Hasta el momento, ni las autoridades federales ni las locales han podido dimensionar adecuadamente el fenómeno delictivo debido a que no se cuenta con información completa que permita saber quién, cuándo, cómo, dónde y por qué se cometen crímenes violentos en ciertos puntos del país, ni a cuántas personas están afectando directa e indirectamente estos delitos, pues los crímenes violentos pasan factura a numerosas víctimas, tanto visibles como invisibles. Las víctimas visibles son aquellas que generalmente están consideradas en los registros y la política pública y las invisibles son las personas que sufren los efectos del crimen, pero que no registramos y no medimos.

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Autor: Diego Cevallos

Fecha: 8 de octubre de 2008

Resumen: La violencia ciudadana mata en América a más de 100.000 personas al año, cifra que supera el impacto de cualquier enfermedad. El promedio en este continente es de 27 homicidios por cada 100.000 habitantes, 22 más que la media mundial.

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De acuerdo con Elena Azaola, presenciamos la mayor pérdida de vidas humanas que históricamente haya tenido lugar en el contexto de una política dirigida por el Estado en contra del crimen organizado. Para esta investigadora ha llegado el momento de aceptar que la violencia es también el resultado de las políticas que contribuyen a exacerbarla

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