Por Virgilio Álvarez

Desde el primer día que el general Pérez asumió la Presidencia de la República, la militarización se hizo presente, y conceptos y formas de proceder propias de la práctica militar comenzaron a ser parte del ejercicio del poder. El hombre, y su pareja vice-presidencial, optaron por hablar duro, imponer criterios, evitar el cumplimiento de las normas para, supuestamente, hacer más eficiente su mandato. A la movilización social se le respondió con represión, teniendo su ejemplo más dramático, aunque no el único, en la masacre del 4 de octubre de 2012 en la cumbre de Alaska donde fuerzas militares dispararon indiscriminadamente contra los manifestantes, asesinando a ocho de ellos.

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